ZONA ARQUEOLÓGICA DE TEOTIHUACAN
UBICACIÓN.
La Ciudad Prehispánica Teotihuacan fue uno de los centros urbanos más grandes del mundo antiguo, que llegó a concentrar una población mayor a los 100,000 habitantes en su momento de máximo esplendor, periodo clásico Mesoamericano.
Se ubica a 40 kilómetro del noreste de la ciudad de México, es parte de los municipios de San Juan Teotihuacan y San Martín de las Pirámides.
El Valle de Teotihuacan tiene una extensión de
aproximadamente 505 kilómetros cuadrados. Rico en aluviales, se beneficia de
flujos de agua que proceden de los ríos San Juan, San Lorenzo y Huixulco, así
como de numerosos manantiales de aguas permanentes que le permitieron un gran
desarrollo agrícola.
A su potencial agrícola se suma el recurso mineral, la obsidiana, con la cual se elaboraban utensilios que llegaban a toda Mesoamérica. Teotihuacan tuvo una posición privilegiada de su valle como lugar de paso en la ruta comercial más directa entre el Golfo.
Las
fases de desarrollo son:
La primer fase fue Miccaotli ( 150-250 d.C.) durante la cual se construye el eje norte-sur que fue nombrado por los mexicas el Camino de los Muertos, también fueron erigidos en aquel tiempo la Ciudadela, el Templo de Quetzalcóatl y posiblemente el Templo de la Agricultura.
En la segunda fase Tlamimilolpa (250-400 d.C.) aumentó la población teotihuacana y se construyeron; la Plaza de la Pirámide de la Luna, el Templo de los Caracoles Emplumados y el gran conjunto enfrente de la Ciudadela. La mayoría de los conjuntos habitacionales también datan de esta época. De igual manera tiene importancia la cerámica de lujo conocida por los arqueólogos como Anaranjada.
Xolalpan (400-550), fase de máximo esplendor, la población fue de aproximadamente 125,000 habitantes y posiblemente alcanzó 200,000. Se afirma que hacia el año 600 se había convertido en la sexta ciudad más grande del mundo considerando el número de habitantes.
En la fase Metepec(550-650) decreció la población a 85,000 habitantes y existen indicios de que la ciudad fue incendiada y saqueada.
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el siguiente vídeo para hacer una visita a la zona arqueológica.
La alimentación basada en el maíz, frijol, la calabaza y el chile eran complementados con muchos otros cultivos, así como por productos obtenidos de la recolección, caza y pesca. Los animales consumidos eran principalmente conejo, el venado, el perro domesticado y en menor proporción el guajolote, el ganso, la codorniz, el armadillo, la ardilla y la lagartija. Asimismo la proximidad de la ciudad al lago de Texcoco permitía el aprovechamiento de aves migratorias, los pescados, los batracios, las tortugas e infinidad de insectos y sus huevas que recogían de las aguas.
A pesar de la increíble producción de alimentos Teotihuacan debió su auge económico al carácter de ciudad artesanal, ya que esta urbe dependía en buena medida de la exportación de manufacturas y, el primer lugar de obsidiana gracias a la existencia de talleres especializados, sin embargo también trabajaban con basalto, la andesita, la arenisca, la pizarra y el pedernal, elaborando raspadores, raederas, puntas, metates, molcajetes, alisadores, machacadores. Los Teotihuacanos fueron celebres por sus trabajos de piedra pulida, en especial las mascaras elaboradas con piedras verdes.
En la alfarería se utilizaban arcillas de origen volcánico destacando colores negros, cremas, rosáceos, grisáceos o cafés, también en este campo había especialización y la producción de algunos alfareros estaba dedicada a la elaboración de vasijas de uso doméstico.
La
arquitectura de Teotihuacan seguía un orden rígido, bajo el cual la simetría y
las rítmicas repeticiones de los elementos rectifican la idea de ciudad
terrenal, era una réplica de arquetipo divino. Imperando en las formas la
composición del talud-tablero los cuales se superponen para formar así
edificios.
A
la arquitectura pública correspondió un estilo geométrico reproduciendo en
monolitos imágenes de animales y dioses generalmente asociados al mundo de
acuático y de la fertilidad.
Resaltan
los espacios cerrados -dedicados a la vida privada y laboral- y abiertos,
consagrados a las actividades públicas propias de la religión, la administración
el mercado y el esparcimiento. La columna vertebral de la ciudad era la Calzada
de los muertos que en su tiempo llegó a medir 3 kilómetros de largo y 45 metros
de ancho, con cerca de 30 metros de desnivel salvado con terrazas escalonados.
En el extremo norte se de la calzada se eleva la pirámide de la Luna formado con sus plaza ceremonial. Al sur no muy lejos y a un lado de la calzada, está el edificio mayor, la Pirámide del Sol, consagrada quizá al culto de una deidad acuática, conserva sus estilo primitivo, ya que la mayor parte de sus taludes no fueron modernizados con la aplicación del tablero.
Siguiendo hacia el sur y pasando el rio San Juan se llega a los espacios abiertos más extensos de la ciudad. Al oriente se halla la Ciudadela, cuadrado de 400 metros por lado bordeado por una plataforma provista de escalinatas y coronada por pequeños templos. Una pirámide roja de cuatro cuerpos ocupa el fondo de este recinto cubriendo El Templo de Quetzalcóatl obra arquitectónica más suntuosa de la larga historia de Teotihuacan, pues sus cuatro fachadas estuvieron totalmente cubierto por monolitos que representan una y otra vez el cuerpo sinuoso de la Serpiente Emplumada cargando un tocado, este fue confundido durante mucho tiempo con el rostro de Tláloc.
Al otro lado se sitúa el Gran Conjunto, que algunos arqueólogos han supuesto que era el mercado o centro administrativo de la urbe.
Uno de los modelos arquitectónicos más interesantes fue el llamado Complejo de Tres Templos edificados alrededor de un patio rectangular y generalmente en los costados norte, este y oeste, otorgando al espacio central la preeminencia del culto colectivo, probablemente del barrio. Intercalados en estos amplios espacios públicos existían las construcciones donde los teotihuacanos encontraban un ambiente de recogimiento, éstas podían ser simples chozas unifamiliares capaces de albergar entre 20 y 100 individuos. Has ahora se han localizado 2000 conjuntos, que variaban de calidad de acuerdo con el estatus y nivel económico. En su interior se distribuían numerosos cuartos en torno a pequeños cuartos en torno a pequeños cuartos porticados que permitían la entrada de luz, la captación de agua y ventilación. Las habitaciones se comunicaban entre sí por laberínticos.
Teotihuacan fue una ciudad pluriétnica, dividida espacialmente en conjuntos habitacionales que facilitaban tanto la cohesión de los grupos étnicos como la conservación de sus especificidades lingüísticas y culturales. Se ha sugerido que los principales pueblos componentes de la ciudad fueron: otomíes, nahuas, totonacos, mazatecos o popolocas, sin embargo no es posible afirmar ninguna de estas propuestas.
Otro problema polémico e interesante tiene que ver con el tipo de organización política capaz de articular las relaciones entre los heterogéneos componentes de la sociedad Teotihuacana, se sugiere que esta ciudad debió de haber ejercido sobre su propia población un dominio de índole territorial, no pudo erigir su poderío sobre la tradicional estructura de parentesco y encima de todos los linajes de la urbe se colocara una élite gobernante cuyo poder pudo haber residido en la representación de un dios territorial. Esta hipótesis permite contestar uno de los grandes enigmas de la historia mesoamericana: por qué Teotihuacan a pesar de ser la cuidad más poderosa de este tiempo- no desarrolló a fondo la escritura, el calendario, las matemáticas. La astronomía y el arte de representación individualizada de los gobernantes, al mismo nivel que sus contemporáneos mayas, pues tales logros se ha asociado al fortalecimiento ideológico del sistema gubernamental de linaje, por lo cual los teotihuacanos no precisaron de ellos. Sus múltiples imágenes referentes al poder no enaltecen el individualismo y cuentan con relativamente pocos signos de escritura y calendario.
Por otra parte la hegemonía de una supuesta clase sacerdotal que ejercían funciones políticas y que redistribuían los bienes económicos. Esta visión de un estado teocrático suponía la ausencia de coerción militar y de sacrificio humano.



